María José Zamora

Psicóloga

María José Zamora

Psicóloga

Cómo saber cuándo terminar la terapia

A menudo resulta complicado establecer el momento adecuado para finalizar la terapia: el paciente puede pensar que se siente mejor, o que se está gastando mucho dinero, o que le apetece más hacer otra cosa en vez de acudir periódicamente a las sesiones; y en algunos casos el terapeuta no está de acuerdo con la finalización precipitada. No existe una respuesta sencilla con respecto a la duración de una terapia: depende de lo rápido que cada paciente puede alcanzar sus objetivos y, por supuesto, de cuán ambiciosos éstos sean. Existe una pequeña posibilidad de que tu terapeuta pueda tener problemas económicos y quiera solucionarlos a costa tuya. Protégete de esta pequeña pero real posibilidad tomando medidas para determinar cuándo parar la terapia.

Para empezar, conviene tener claro el Foco de la terapia: el motivo por el cual has solicitado la consulta, el problema que más te acucia en este momento. La labor de definición del foco, debe realizarla el terapeuta en las primeras sesiones, siempre de mutuo acuerdo con el paciente. Si tu terapeuta definió el foco correctamente, en cualquier momento puedes revisar los avances efectuados. Si el problema se ha solucionado, es motivo para finalizar la terapia. Si, una vez solucionado han aparecido otras áreas de intervención, puedes plantearte de nuevo la posibilidad de iniciar una terapia para esos Focos, o no hacerlo.

Sin embargo, ten en cuenta que existen mecanismos de defensa, resistencias que utiliza tu propia mente para no enfrentarse a lo que le preocupa o teme. En algunos casos las resistencias toman la forma de una mejoría rápida y maravillosa, pero superficial, que desemboca muy pronto en el mismo problema de antes. Si tu terapeuta te dice que cree que no estás preparado para finalizar, discute con él la posibilidad de que tu mejoría se deba a una resistencia o que sea un progreso real.

Otras resistencias toman forma como un sentimiento de laxitud, pereza para acudir a las sesiones, o excusas de tipo económico. También puede ocurrir que de repente sientas antipatía o incluso enfado injustificados hacia el terapeuta. Analizar estas resistencias con tu terapeuta te puede ayudar a no caer en el error de finalizar prematuramente. Así mismo, si al comenzar la terapia tomaste interiormente el compromiso de andar el camino en compañía de este profesional, te puede ayudar a seguir caminando en los momentos difíciles: el proceso de terapia en algunos momentos es duro, pero de estas fases surge la sanación.

Conviene siempre tener una idea clara no sólo del Foco, sino de los avances que deben aparecer, de la mejoría que debes sentir para dar por finalizada la terapia. Si no has hecho este trabajo con antelación, corres el peligro de ser víctima de tus propias resistencias y terminar un proceso precipitada y erróneamente, con la consiguiente pérdida de resultados. No te preocupes, si lo has hecho y te has dado cuenta, siempre puedes volver a tu terapeuta y retomar la terapia, también de estas cosas se puede aprender.

Si después de examinar tus objetivos, tus avances y tus posibles resistencias, te parece que es momento de terminar la terapia, coméntalo con tu terapeuta varias sesiones antes del momento en que quieres terminar. El proceso de cerrar la terapia puede ser muy productivo para el paciente si se realiza correctamente y puede convertirse en una experiencia de aprendizaje en sí mismo. Nunca es una buena idea interrumpir la terapia de repente, sin discutirlo previamente con tu terapeuta, y si te sientes impelido a “cortar por lo sano” puedes hacer una revisión de tus relaciones interpersonales para ver si es un esquema personal que te esclaviza y te obliga a realizar ese tipo de conductas.

De cualquier manera, el proceso terapéutico es un camino duro pero hermoso, y el escoger a la persona con la que vas a caminar es el primer paso hacia la sanación.

Lee aquí un artículo sobre cómo elegir la mejor ayuda psicológica.

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