YIN-YANG: LA ELECCIÓN
ENTRE LO MASCULINO Y LO FEMENINO
Todos sabemos
que el ser hombre o mujer responde a unas raíces biológicas
con las cuales nacemos, pero ¿qué ocurre con la
masculinidad y la feminidad? ¿Son las características
femeninas como la sensibilidad o la intuición propias únicamente
de las mujeres? ¿Pueden los hombres mostrar su
tristeza o su miedo sin perder su identidad masculina?
En primer lugar tenemos que diferenciar el sexo del género:
el sexo puede ser varón o mujer, y está determinado
por las características fisiológicas y biológicas
con las que nacemos. Sin embargo, el género lo constituyen
una serie de características psicológicas, emocionales
y mentales que por convencionalismo se han considerado masculinas
o femeninas. La sensibilidad, la competitividad, la asertividad,
la visión estética, etc. son todas características
psicológicas que cualquier ser humano puede tener. El
que una característica sea considerada como masculina o
femenina es algo artificial que se nos impone a cada uno de nosotros
desde el momento en que nacemos: si eres niño,
tendrás que ser fuerte y competitivo; si naces niña,
la sensibilidad y obediencia serán muy valoradas en ti.
Las personas (tanto hombres como mujeres) nacemos con
una gama muy amplia de potencialidades, tanto masculinas como
femeninas, pero mediante el proceso de socialización hiperdesarrollamos
unas y atrofiamos otras para acomodarnos al papel preestablecido
que nos ha tocado vivir: Reprimimos aquéllas características
que no se ajustan al esquema de género y desarrollamos
conscientemente las que sí lo hacen. Un ejemplo claro lo
tenemos en la sensibilidad de los hombres, tan reprimida durante
años, que llevó a la sociedad en su conjunto a decir:
“los hombres no lloran”, y lo que es peor, a creérselo.
De modo que a un niño se le hacía modular su comportamiento
desde pequeño reprimiendo su tristeza, su vulnerbilidad
o su debilidad para adoptar una imagen de fortaleza y frialdad
que no siempre se corresponde con la realidad. Al mismo tiempo,
las mujeres tenían que fingir ser débiles y medio
tontas para evitar el rechazo social.
Por ejemplo, una característica femenina es la debilidad,
mientras que la característica masculina es la fortaleza.
Independientemente de la fortaleza que pueda tener una
mujer, si quiere ser absolutamente femenina tendrá que
aparentar debilidad, incluso aunque sea fuerte. Ello
la llevará a tener una lucha interna entre lo que siente
dentro de sí (fortaleza) y lo que debe aparentar (debilidad).
Paralelamente, un hombre debe aparentar fortaleza, aunque
en ocasiones se sienta desfallecer. Ello le lleva a sobrecargarse
por el esfuerzo, a competir obligatoriamente para aparentar ser
muy macho, a fingir que no se siente herido, a disimular que está
emocionado.
Esta imposición en el desarrollo de nuestras potencialidades
nos conduce a la construcción de un ser artificial
al que no se le ha permitido desarrollarse plena y libremente
como ser humano completo y cuya forma de vivir y relacionarse
no es sincera ni permite la libre expresión del individuo.
Pero, ¿es posible combinar las características
masculinas y femeninas sin perder la propia identidad?
Los taoístas encontraron la respuesta hace miles de años:
Para ellos, el Tao es la unidad, en la cual se desenvuelven el
Yin y el Yang, que se combinan
de múltiples maneras para crear la multiplicidad de formas
existentes.
El Yin es lo receptivo, femenino, intuitivo, la noche, lo oscuro,
lo inmóvil, la sustancia… El Yang es lo creativo,
masculino, activo, el día, lo luminoso, en movimiento,
la energía... Ambas características se combinan
de múltiples formas en cada una de las cosas y los seres
del Universo.
Las cosas no son sólo blancas o negras,
sino que existe una multiplicidad de tonos de grises, que son
más claros o más oscuros dependiendo de con qué
otro tono sean comparados. De modo que todo es relativo y depende
de con qué se lo compare. Un rosal es más alto que
un trébol, pero mucho más bajo que un ciprés.
Del mismo modo, una persona puede ser más fuerte (Yang)
que alguien pero ser débil comparado con otra.
Además, no existe algo puramente Yin o absolutamente
Yang, sino que todo es una combinación de características
relativamente Yin entremezcladas con otras características
relativamente Yang. La luna, relacionada siempre con la mujer,
la noche, lo oscuro, húmedo y frío (todas ellas
características Yin), es a la vez Yang cuando con su luz
ilumina las noches. Una gran roca, fuerte e invencible (Yang),
es a la vez Yin porque está inmóvil y su característica
es la solidez y la frialdad, pero no pierde su identidad de roca
por ello, sino que precisamente, parte de su fortaleza se la debe
a su solidez.
Las características Yin (femeninas) y Yang (masculinas)
se pueden entremezclar libremente sin que el resultado pierda
su auténtica identidad. Así pues una mujer
(que es Yin respecto al hombre), puede ser cariñosa, disciplinada,
intuitiva (características Yin), y a la vez fuerte, eficiente,
competitiva e independiente (características Yang).
Del mismo modo, una persona nacida hombre, puede tener características
Yang y otras Yin sin perder su identidad, sino al contrario, desarrollándola
más todavía.
Como las características de género femenino son
muy limitantes para las mujeres y les impiden desarrollarse como
personas y ejercer sus derechos, hace más de un siglo se
inició un movimiento social que buscaba el cambio. Al tratar
de salir de esa situación, consiguieron liberarse de las
ataduras de género, y se han permitido vivir aquellas características
masculinas que le ha interesado desarrollar en cada momento, como
la independencia, capacidad de decisión, autonomía,
etc.
La recuperación de las características de
género masculino por parte de la mujer ha significado para
ella la liberación de un rol que la constreñía,
y se han hecho evidentes las ventajas de esta expansión
personal. Aunque todavía queda mucho por hacer, las mujeres
han dejado claro hasta ahora que es posible ser femeninas a la
vez que competitivas, asertivas y autónomas. En la actualidad
todos conocemos mujeres que han desarrollado sus características
Yang sin perder su feminidad, su estado básicamente Yin.
Son buenas esposas, madres cálidas y educadoras, que trabajan
fuera de casa y han triunfado en su profesión.
Sin embargo, los hombres no están luchando por la recuperación
de sus características femeninas debido quizás a
que las desventajas de su papel son menos evidentes. Por eso nos
encontramos en la actualidad que las mujeres se empiezan a sentir
mucho más satisfechas y desarrolladas como personas mientras
que los hombres siguen sufriendo sin entender muy bien lo que
está pasando en el mundo y lo que les sucede a sí
mismos.
El hombre se está planteando ahora el precio de
su papel absolutamente masculino: exceso de responsabilidades,
cargar con todas las decisiones importantes, reprimir el miedo
o la ira, fingir invulnerabilidad… lo que le ha llevado
a tener una esperanza de vida 5 años menor que en el caso
de las mujeres. El hombre como único responsable del sustento
familiar, se ve privado de lo lúdico e intrascendente,
mientras que la mujer se ve sometida a un segundo plano a la hora
de tomar decisiones que le afectan, y la dependencia económica
limita su libertad hasta el punto de soportar vejaciones porque
no puede sobrevivir por su cuenta.
La emocionabilidad es un problema muy importante para el hombre.
La no aceptación de sus propias emociones le lleva
a negar una parte de sí mismo: su propio mundo emocional.
Cuando rechaza el derecho a llorar, o a expresar debilidad, o
desasosiego, el derecho a expresar que no puede más, etc.,
está rechazando las características Yin que forman
parte de su ser. La fuerza utilizada internamente en anular su
propio Yin se refleja en el exterior en los intentos de control
de las mujeres, sobre todo si éstas intentan expresar su
Yang reclamando libertad o independencia. El desasosiego y la
agresividad contenida que conlleva la anulación de una
parte de sí mismo, empuja a algunos hombres a la agresión
y los malos tratos.
Los hombres que son capaces de aceptar sus propias emociones,
sean éstas de tristeza, vulnerabilidad, miedo, dependencia,
etc, pueden expresarse íntegramente, sin necesidad de fingir
características de tipo Yang ni de ocultar su sensibilidad
y otras características Yin. Son hombres libres
y completos y desde esta condición pueden amar a mujeres
que no se sienten atrapadas por su feminidad.
En la actualidad la relación de pareja ofrece a
cada uno de sus miembros la posibilidad de desarrollar la totalidad
de sus capacidades tanto masculinas como femeninas. Cada
uno de los integrantes, tiene libertad plena para compartir las
responsabilidades hogareñas y para expresarse en cada momento
sin necesidad de fingir o disimular. Ambos pueden desarrollar
la totalidad de sus capacidades masculinas y femeninas, racionales
y emocionales, activa y pasivo, etc.
Desde esta transformación personal, el vínculo amoroso
deja de estar condicionado por el guión habitual: hombre-protector,
mujer-sumisa, para convertirse en una relación enriquecedora
basada en la aceptación y el deseo de estar con el otro.
Se crea así la unión entre dos seres que expresan
su propia identidad plenamente y donde ambos se sienten libres.
Porque la libertad no es masculina ni femenina,
sino ambas cosas a la vez.
YIN
Femenidad
Intuición
Debilidad
Pasividad
Colaboración
Dependiente
Confía en los demás
Cuidar el aspecto físico
Miedo
Sensibilidad
Confianza en los demás
Obediencia
Busca el cariño
Tareas de cuidado
YANG
Masculinidad
Razón
Fortaleza
Actividad
Competición
Dominante
Autonomía
Cuidar su profesión
Valentía
Poder
Autoconfianza
Responsabilidad
Busca el poder
Tareas de dirección
Todos tenemos características de ambos polos: Yin
y Yang. La combinación especial de estos atributos es lo
que nos convierte en seres únicos.
María
José Zamora Fuertes