LA TRISTEZA: UNA MALA COMPAÑERA
La tristeza es
una emoción negativa que consiste en un estado de ánimo
apesadumbrado, oscuro, depresivo. La persona se siente desmotivada,
sin fuerzas, sin entusiasmo, sin energía, sin ganas de
vivir, abatida y melancólica. Se puede llegar a la desesperación
al ver que no se puede salir de esa situación durante mucho
tiempo. Aunque en algunos casos la causa puede ser externa (pérdida
de un familiar, situación económica delicada, etc.),
en muchos otros hay que buscar el origen dentro de nosotros mismos
(problemas interiores no resueltos, falta de decisión para
vivir la vida tal y como se nos presenta).
En algunas ocasiones, nos aferramos a la tristeza porque conlleva
un estado nostálgico y dulcemente melancólico que
evoca el recogimiento interior, el amor y la compasión
por los demás seres, la benevolencia. Incluso nos motiva
para escribir poesía o iniciar otras actividades artísticas.
Al principio, el recordar a un ser querido, o algún momento
de nuestra vida más agradable, o las ilusiones que no hemos
podido cumplir, se nos presenta como un aliciente para sentirnos
más cerca de esas cosas positivas que ahora no tenemos.
En un grado atenuado, puede sentirse como algo agradable, pero
es demasiado fácil perder el control de la situación
y que la emoción se intensifique hasta un grado que no
sepamos controlar y, como emoción negativa que es, absorba
nuestra energía y nos deje sin fuerzas para salir de ese
estado.
En este estado alicaído resulta fácil dejarse llevar
por la tristeza, alimentándola nosotros mismos con pensamientos
del tipo “no puedo evitarlo”, “no tengo fuerzas”,
“no puedo más”. Nos refugiamos en nuestros
propios lamentos en lugar de hacerle frente a la vida, y desaprovechamos
las oportunidades que se nos ofrecen para ser felices, sintiéndonos
incapaces de abrirle la puerta a la felicidad.
Cuidado con caer en la trampa de acercarnos a la nostalgia, sobre
todo si tenemos tendencia a la depresión. El amor, la benevolencia
y la ternura pueden –y deben- sentirse desde un estado interior
positivo, que invade nuestro espíritu de bienestar, y nos
permite irradiarlo dulcemente a los demás. Nunca desde
un estado negativo y oscuro, que, como ya he dicho, absorberá
nuestra energía y la de las personas que nos rodean, y
nos impedirá ser felices y compartirlo con los demás.
Hay que superar la tentación de caer en el pozo sin fondo
de la melancolía.
Parece que si prescindimos de la tristeza, nuestro corazón
se va a endurecer y no vamos a poder tener sentimientos dulces.
Pero tenemos que reflexionar claramente en el hecho de que una
vez caemos en la tentación y nos dejamos llevar por la
nostalgia o los pensamientos negativos, lo que hacemos es alejarnos
de todo lo positivo, de la felicidad, del amor, de la compasión,
y nos quedamos a solas con nuestra tristeza, que nos engulle y
nos deja sin fuerzas para vivir. Reflexiona sobre ello, si alguna
vez te has dejado llevar por la nostalgia: siempre, detrás
de su dulce cara, hay una oscuridad inabarcable que sientes que
es lo suficientemente fuerte como para arrastrarte. Al principio
te acercas para encontrar sentimientos dulces y nostálgicos
de aquello que perdiste, pero rápidamente se transforma
en un monstruo que te absorbe hacia la negatividad, justo lo contrario
de lo que pretendías.
Sé valiente, y dile no a la tristeza, cuando se acerque
a ti con sus falsas promesas. Ahora que ya sabes lo que esconde
detrás, aléjala de ti con decisión.
La vida puede ser bella, agradable y tranquila. Sea lo que sea
que has dejado atrás, guarda el recuerdo con amor, y decídete
a vivir con alegría, para poder compartirla con los demás.
Tienes derecho, prueba y verás.
María
José Zamora Fuertes