TRAUMA
Algunas personas
han sufrido en su vida situaciones muy difíciles que les
han resultado traumáticas: situaciones en las que han experimentado
o presenciado acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas
contra su integridad física o la de los demás. Abusos
sexuales infantiles, violaciones, accidentes graves, atentados,
guerras, etc. son algunas de estas situaciones traumatizantes
que pueden dejar huella para toda la vida en la persona que las
ha sufrido.
Sin embargo, se ha comprobado que no sólo los acontecimientos
clasificados como Traumáticos (con “T” mayúscula)
pueden ocasionar problemas; una serie de traumas (con “t”
minúscula) repetidos varias veces, pueden generar los mismos
síntomas que el haber sobrevivido a un tsunami: las burlas
de los compañeros de clase, el menosprecio de los amigos,
el rechazo de los padres o el acoso en el trabajo, son algunos
de los acontecimientos que pueden dejar marcas psicológicas.
Por último, existen situaciones en las que una la persona
se ve sometida a una situación puntual muy negativa y desagradable
que la hace sufrir durante demasiado tiempo: la traición
de un amigo, la muerte de un ser querido, el rechazo de una pareja
o una bronca con el jefe son algunos ejemplos de esta clase.
Todas estas situaciones, aunque de diferente intensidad y duración,
se caracterizan por dejar secuelas en la persona que las sufrió.
En los casos más severos podemos hablar del Trastorno por
Estrés Postraumático, caracterizado por todos estos
síntomas:
- Tener sueños o recuerdos en los que se revive el acontecimiento
traumático aún después de haber pasado mucho
tiempo; sensación intensa de malestar al recordar el hecho
o al vivir cosas normales que lo recuerdan de algún modo.
- en muchos casos, problemas físicos (por ejemplo dolores)
sin una causa médica aparente.
- evitación de situaciones normales de la vida cotidiana
que recuerdan el hecho traumático, como evitar pasar por
una calle, ver a una persona o realizar una actividad que recuerde
el trauma,
- sensación de un futuro desolador, no poder sentir las
emociones con normalidad, sentirse desapegado de los demás…
- estar demasiado activado, dificultad para conciliar el sueño
o para concentrarse, irritabilidad, sobresaltos, hipervigilancia…
En los casos menos graves, se presentan algunos de estos síntomas,
junto con la sensación de que “el tema es intocable”
porque la persona no puede soportar el dolor que le produce y
se altera mucho con sólo hablar de él. La persona
intenta olvidarse completamente de lo que ocurrió, pero
cuando cualquier cosa se lo recuerda, se ve inundada por emociones
negativas: la ira o la tristeza profunda suelen acompañar
esos recuerdos. Normalmente, la persona y sus allegados pueden
observar un antes y un después del acontecimiento traumático:
las secuelas generadas por el trauma le producen un sufrimiento
que le impide hacer una vida completamente normal, al menos a
nivel interior.
Todos estos síntomas, las secuelas del trauma, pueden ser
tratados con técnicas psicoterapéuticas especialmente
diseñadas para ello. El paciente no olvidará lo
que le pasó, pero el recuerdo no será doloroso y
las emociones negativas no le volverán a inundar por ese
motivo. Una vez curado el trastorno, la vida puede ser retomada
con normalidad y lo que es más importante, a nivel interior
la persona recupera su bienestar.
María
José Zamora Fuertes