ORTOREXIA NERVIOSA: UN NUEVO
TRASTORNO ALIMENTARIO
La Ortorexia Nerviosa
hace referencia a un trastorno obsesivo-compulsivo caracterizado
por la fijación patológica en comer alimentos sanos.
El criterio sobre qué cosas son adecuadas, depende del
tipo de corriente dietética que se escoja: puede ser no
tomar carne y sólo vegetales cocinados, o por el contrario
tomar sólo frutas y verduras sin cocer; puede ser prescindir
de la leche de origen animal porque se digiere mal, o tomar varios
litros de leche al día para tener más calcio; puede
ser comer sólo vegetales crecidos en la zona donde uno
reside y en la estación del año en que crecen naturalmente,
o tomar ciruelas umeboshi, algas japonesas, kinoa, alubias azuki,
etc, etc.
Al principio, la preocupación por la comida puede tratarse
de un deseo natural de sobreponerse a una enfermedad crónica
o de mejorar la salud en general, pero en algunos casos la persona
cae en un trastorno obsesivo-compulsivo con respecto a su alimentación.
¿Cómo se produce este paso entre una preocupación
normal por la alimentación sana y la ortorexia? Veamos
el caso de JLM:
Juan comenzó a eliminar ciertos productos de su dieta por
problemas gastrointestinales y de alergias. Pero poco a poco fue
autoimponiéndose más normas alimentarias obtenidas
de diferentes libros y expertos en nutrición. Así,
poco a poco, dejó de salir de tapas con los amigos, cuando
iba a casa de alguien se llevaba la tartera con su comida, y solía
poner cara de asco cuando veía lo que comían los
demás. Sus relaciones sociales se estaban deteriorando
y perdía mucho tiempo en comprar sus alimentos especiales,
cocinarlos, planificar su alimentación y discutir sobre
dietas con otras personas. En casa, miraba a su familia con un
rictus de verdaderas ganas de vomitar contenidas cuando les veía
disfrutando de un bistec con patatas, e incluso llegó a
comprarse sus propios utensilios para que sus alimentos no fueran
contaminados por la comida impura del resto de su familia.
Lo que podría haber sido una dieta sana y natural, poco
a poco iba convirtiéndose en un sacrificio continuo: una
disciplina férrea que le llevaba a sentirse muy orgulloso
de sí mismo, hasta el punto que los demás se daban
cuenta de sus sentimientos de superioridad. Pero si alguna vez
se saltaba la dieta, el autocastigo llegaba inmediatamente: sentimientos
de culpabilidad, un gran desasosiego, y la decisión de
ayunar entre tres y cinco días, dependiendo de la gravedad
de la “falta” que hubiera cometido.
Sin amigos, sin novia, con problemas en casa de sus padres y con
una patología obsesivo-compulsiva, no dudaba en propagar
las virtudes de su dieta a todo aquél que quisiera escucharle
(o no le quedara más remedio) y siempre llevaba panfletillos
con las virtudes milagrosas de algún alimento especial.
Se había convertido en un caso típico de Ortorexia
Nerviosa, la nueva patología de los países ricos.
Suele tratarse de individuos patológicamente perfeccionistas
y absolutamente inflexibles en la aplicación de las normas.
Entre las razones que pueden conducir a la Ortorexia están
la obsesión por buscar una mejor salud, el miedo a ser
envenenado por los pesticidas, colorantes conservantes y demás
químicos utilizados por la industria alimenticia o haber
encontrado una razón espiritual en comer de una determinada
forma.
Por supuesto, no hay que confundir esta enfermedad con una preocupación
normal por la alimentación sana, la evitación de
aditivos alimentarios, o dietas vegetarianas, macrobióticas,
etc, llevadas con sentido común. Pero cuando la alimentación
se convierte en una obsesión que afecta a la vida cotidiana,
las relaciones sociales se ven perturbadas y la propia felicidad
es menos importante que la alimentación, tenemos que empezar
a pensar en la posible existencia de una patología.
Todos debemos poner atención en lo que comemos para poder
estar sanos, pero sin obsesionarnos hasta el punto de vivir para
comer en vez de comer para vivir.
María
José Zamora Fuertes