CÓMO ESCOGER LA MEJOR
AYUDA PSICOLÓGICA
¿Cómo
escoger un buen profesional?
En
el primer contacto telefónico conviene preguntar:
La
primera cita.
¿Qué
puedes esperar de la terapia?
¿Qué
NO puedes esperar de la terapia?
¿Qué
espera el/la terapeuta de ti?
¿Cómo
saber cuándo terminar la terapia?
A menudo ocurre que tus familiares o amigos o tu médico
de cabecera te aconsejan acudir a un profesional de la Psicología.
En otras ocasiones, por tus propias motivaciones de auto - crecimiento
o para resolver problemas personales, te das cuenta de que necesitas
una ayuda externa. Se trata de una decisión importante,
porque el simple hecho de tomarla te diferencia de aquellos que
se quedan inactivos sin buscar soluciones a sus problemas. Pero
no hay que olvidar que esta decisión tiene un coste económico
considerable, el cual hay que asumir por un periodo más
o menos largo. Además, es una decisión que implica
un compromiso a medio plazo: una vez escogido el terapeuta con
el que vas a trabajar, continuarás con él durante
varios meses. Nunca es recomendable ir cambiando de terapeuta
continuamente, aunque si realmente surge un problema importante
siempre eres libre de buscar la ayuda en otro lugar. Pero, ¿cómo
escoger un buen profesional?
La mejor manera sería obtener la recomendación de
una persona de confianza que haya sufrido un problema similar
al tuyo y haya tenido una experiencia positiva
con un buen profesional. Pero suele resultar bastante complicado
que tus conocidos hayan tenido el mismo problema que tú,
y que además no les importe hablar de ello y recomendarte
al profesional con el que trabajaron. Cuando un amigo nos recomiende
a un terapeuta, tenemos que ser realmente observadores y no dejarnos
guiar por los primeros signos de euforia. Más bien nos
preguntaremos:
- ¿Ha conseguido esta persona realmente sus objetivos o
sólo se siente algo mejor?
- ¿Cuánto tiempo ha durado su tratamiento?
- ¿Cuánto dinero ha tenido que invertir?
- Los efectos del tratamiento, ¿se han prolongado durante
meses, o al cabo de poco tiempo ha vuelto a aparecer el mismo
problema? ¿Ha introducido cambios positivos en su vida
que nos indiquen que realmente la terapia le ayudó?
Las respuestas a estas preguntas no siempre son positivas, pero
al menos nos ayudarán a hacernos una idea más clara
de la situación.
En otros casos recibimos recomendaciones del
médico de cabecera, de amigos o conocidos. Cuando éste
sea el caso, nos fijaremos en:
- las referencias que nos ofrecen, ¿se basan en un conocimiento
profesional del/la terapeuta, o en un conocimiento personal, amistad,
o proximidad de su lugar de consulta?
En los últimos años han surgido multitud de “especialistas”
que quieren apropiarse de este terreno sin poder aportar una mínima
cualificación profesional, ni garantizar la utilización
de métodos contrastados científicamente. Ponerse
en manos de estos terapeutas puede significar desde un perjuicio
económico hasta un alto riesgo para la salud psíquica.
Evidentemente, esto no significa que debamos desconfiar de todos
los profesionales de las terapias alternativas, pero sí
que debemos ser cautos a la hora de seleccionar con quién
vamos a realizar nuestro trabajo interior.
También hay que tener en cuenta que en muchos casos, se
utilizan métodos que producen efectos positivos a corto
plazo (los cuales, en general, pueden ser explicados por la utilización
de técnicas de relajación y abreación) pero
no solucionan el problema en profundidad, con lo cual éste
vuelve a surgir al cabo de pocos meses. Las terapias superficiales
son muy llamativas al principio, pero no solucionan el problema
de raíz y eso puede verse a largo plazo. Muchas veces,
las personas que acaban de recibir una de estas terapias hablan
maravillas y se la aconsejan a todos sus conocidos, pero al cabo
de un tiempo vuelven a caer en la misma situación que las
llevó a pedir ayuda.
A la hora de tratar problemas psicológicos, ten en cuenta
que los Psicólogos son los profesionales más adecuados
para ello: han recibido la formación específica
durante 5 años para poder licenciarse, y con frecuencia
han realizado numerosos cursos, seminarios, expertajes y másters.
Puedes recurrir al Colegio Oficial de Psicólogos de la
Comunidad Autónoma en la que te encuentras, donde te podrán
facilitar una lista de profesionales que trabajan en tú
área. Esto, al menos te garantiza que el profesional tiene
sus estudios y está colegiado.
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En
el primer contacto telefónico conviene preguntar:
- ¿El/la terapeuta
puede tratar la alteración que tú padeces? ¿puede
tratar ansiedad, depresión, estrés, problemas infantiles,
problemas sexuales, drogas, trastornos de alimentación,
etc.?
- ¿Qué tipo
de pacientes trata: adultos, niños, adolescentes?
- ¿Tiene una titulación
académica oficial?
- ¿Está colegiado
en un Colegio Profesional que le avale o en una Asociación
de Profesionales legalizada?
- ¿Cuánto
cobra?
- ¿Cuánto
dura cada consulta y qué periodicidad tiene?
- ¿Cuándo
podrá concertar la primera entrevista y las sucesivas?
A veces no podemos esperar largos periodos hasta que el profesional
está disponible. (El tiempo de espera medio suele ser de
menos de una semana.)
- ¿Qué tipo
de terapia utiliza?
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La
primera cita.
Si las respuestas a estas preguntas te satisfacen y lo consideras
oportuno, puedes concertar una primera cita en la cual exponer
tu caso y decidir si QUIERES trabajar con ese profesional:
- ¿Sientes que quieres
trabajar con este profesional?
- ¿Sientes que has
conectado con él o ella?
- ¿Te has sentido
confortable durante la sesión?
- ¿Has sentido que
te escuchaba con atención?
- ¿Has entendido
cómo vais a trabajar para solucionar tu problema?
- ¿Sientes confianza
en él o ella?
- ¿Habéis
podido definir los objetivos de la terapia y te sientes satisfecho
con esta definición?
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¿Qué
puedes esperar de la terapia?
- El cliente/paciente, siempre
debe ser tratado con respeto y cariño.
- Pide a tu terapeuta que
los objetivos de la terapia sean tus propios objetivos.
- Nunca consientas que tu
terapeuta te pida ninguna acción en contra de tu ética
o de tus valores.
- No consientas que el/la
terapeuta te toque sin tu consentimiento. En ocasiones puede darte
una palmadita en el hombro para animarte o consolarte, pero si
esto te incomoda, pídele que no lo vuelva a hacer.
- Cualquier acercamiento
sexual atenta contra la ética profesional. Ten cuidado
con cualquier terapeuta que trate de quedar contigo fuera de la
terapia o tener encuentros románticos.
- También conviene
estar prevenido contra cualquier profesional que intente implicarte
en sus negocios o que te pida dinero para ayudarle o para realizar
obras de caridad.
- El servicio que estás
pagando debe estar centrado en tu propia terapia, y no en los
problemas personales del/la terapeuta.
- Si el/la terapeuta te
ha hecho un precio especial porque te encontrabas en una mala
situación económica, puede pedirte que le pagues
la tarifa normal si tu situación mejora, pero nunca puede
pedirte que pagues un precio superior a su tarifa general simplemente
porque tienes dinero suficiente.
- En consulta puede ocurrir
que aparezcan desacuerdos con el/la terapeuta, en ocasiones provocados
por el mismo desarrollo de la terapia. Pero el profesional, como
cualquier otra persona, deberá pedirte disculpas si ha
cometido un error o se ha comportado impulsivamente.
- El/la terapeuta debe respetar
los criterios morales y religiosos de sus clientes, sin que ello
impida su cuestionamiento cuando sea necesario en el curso de
la intervención.
- Tienes derecho a exigir
una solidez de la fundamentación objetiva y científica
de sus intervenciones profesionales, prudencia en la aplicación
de instrumentos y técnicas, competencia profesional, honestidad,
y sinceridad.
- Toda la información
recogida en el ejercicio de su profesión, está sujeta
a Secreto Profesional. Sólo puede comunicarse a terceras
personas, con expresa autorización previa del interesado
y dentro de los límites de esta autorización. (Ver
artículos en código deontológico).
- Aunque estas situaciones
no ocurren habitualmente, en caso de suceder puedes recurrir al
Colegio Oficial de Psicólogos (si tu terapeuta es un psicólogo
colegiado) para denunciar el caso y pedir ayuda.
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¿Qué
NO puedes esperar de la terapia?
- No esperes un milagro: El/la terapeuta no te va a solucionar
el problema, sino que te va a orientar sobre cómo solucionarlo
tú mismo. El trabajo interior, aunque muy gratificante,
a veces puede resultar arduo.
- Tampoco hay milagros con respecto a la duración: Si sufres
un problema durante un largo periodo, necesitarás un tiempo
para deshacerte de él.
- No esperes que la terapeuta sea tu amiga después de la
sesión, esto podría provocar interferencias en la
terapia, y debe ser evitado por el profesional. Algunos psicólogos
incluso evitan saludar en público a sus pacientes por pura
discreción: muchos pacientes prefieren mantener esta relación
de manera confidencial. Sin embargo si tú le saludas, te
contestará.
- Algunos terapeutas deniegan invitaciones a bodas y otras celebraciones.
Habla con el tuyo sobre el asunto antes de dar por sentado que
acudirá.
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¿Qué
espera el/la terapeuta de ti?
- En primer lugar, espera que llegues puntualmente a la cita.
A diferencia de otros doctores que te pueden tener esperando largo
rato en su sala de espera, el/la Psicólogo/a ha reservado
una hora de su agenda específicamente para ti. La mayoría
de los terapeutas no están dispuestos a retrasar el resto
de sus citas, con lo cual si llegas tarde, tu sesión será
más corta.
- Si tienes que cancelar una cita, debes hacerlo con antelación
suficiente, para que tu terapeuta pueda disponer de esa hora a
su conveniencia (normalmente 24 a 48 h. es suficiente). Muchos
terapeutas cargan la tarifa completa por citas canceladas fuera
de plazo.
- Debes compartir tus emociones y pensamientos sincera y honestamente.
Esto implica enfrentarte a tus miedos y preocupaciones más
profundos. Tu terapeuta te ayudará a comprenderlos y superarlos.
- La actitud “he venido, cúrame” no es válida.
El trabajo interior lo hace el paciente y la ayuda profesional,
el terapeuta. No vale llegar y esperar a que te curen.
- Lógicamente, espera que hagas el trabajo para casa que
te haya encargado. Si no lo haces, tu proceso será más
lento.
- El reflexionar sobre la terapia, auto-observarte y trabajar
en el Autoconocimiento, ayudan a acortar el proceso: comparte
con tu terapeuta tus reflexiones y lo que haya surgido después
de la última sesión. Si no hay nada especialmente
significativo, no pasa nada, pero al menos inténtalo.
- Si sientes que tu terapia debe finalizar, discútelo previamente
con tu terapeuta: no la interrumpas sin consultárselo.
Existen ciertos protocolos y preparativos a seguir en la última
sesión, y no es conveniente prescindir de ellos.
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¿Cómo
saber cuándo terminar la terapia?
A menudo resulta complicado establecer el momento adecuado para
finalizar la terapia: el paciente puede pensar que se siente mejor,
o que se está gastando mucho dinero, o que le apetece más
hacer otra cosa en vez de acudir periódicamente a las sesiones;
y en algunos casos el terapeuta no está de acuerdo con
la finalización precipitada. No existe una respuesta sencilla
con respecto a la duración de una terapia: depende de lo
rápido que cada paciente puede alcanzar sus objetivos y,
por supuesto, de cuán ambiciosos éstos sean. Existe
una pequeña posibilidad de que tu terapeuta pueda tener
problemas económicos y quiera solucionarlos a costa tuya.
Protégete de esta pequeña pero real posibilidad
tomando medidas para determinar cuándo parar la terapia.
Para empezar, conviene tener claro el Foco de la terapia: el motivo
por el cual has solicitado la consulta, el problema que más
te acucia en este momento. La labor de definición del foco,
debe realizarla el terapeuta en las primeras sesiones, siempre
de mutuo acuerdo con el paciente. Si tu terapeuta definió
el foco correctamente, en cualquier momento puedes revisar los
avances efectuados. Si el problema se ha solucionado, es motivo
para finalizar la terapia. Si, una vez solucionado han aparecido
otras áreas de intervención, puedes plantearte de
nuevo la posibilidad de iniciar una terapia para esos Focos, o
no hacerlo.
Sin embargo, ten en cuenta que existen mecanismos de defensa,
resistencias que utiliza tu propia mente para no enfrentarse a
lo que le preocupa o teme. En algunos casos las resistencias toman
la forma de una mejoría rápida y maravillosa, pero
superficial, que desemboca muy pronto en el mismo problema de
antes. Si tu terapeuta te dice que cree que no estás preparado
para finalizar, discute con él la posibilidad de que tu
mejoría se deba a una resistencia o que sea un progreso
real.
Otras resistencias toman forma como un sentimiento de laxitud,
pereza para acudir a las sesiones, o excusas de tipo económico.
También puede ocurrir que de repente sientas antipatía
o incluso enfado injustificados hacia el terapeuta. Analizar estas
resistencias con tu terapeuta te puede ayudar a no caer en el
error de finalizar prematuramente. Así mismo, si al comenzar
la terapia tomaste interiormente el compromiso de andar el camino
en compañía de este profesional, te puede ayudar
a seguir caminando en los momentos difíciles: el proceso
de terapia en algunos momentos es duro, pero de estas fases surge
la sanación.
Conviene siempre tener una idea clara no sólo del Foco,
sino de los avances que deben aparecer, de la mejoría que
debes sentir para dar por finalizada la terapia. Si no has hecho
este trabajo con antelación, corres el peligro de ser víctima
de tus propias resistencias y terminar un proceso precipitada
y erróneamente, con la consiguiente pérdida de resultados.
No te preocupes, si lo has hecho y te has dado cuenta, siempre
puedes volver a tu terapeuta y retomar la terapia, también
de estas cosas se puede aprender.
Si después de examinar tus objetivos, tus avances y tus
posibles resistencias, te parece que es momento de terminar la
terapia, coméntalo con tu terapeuta varias sesiones antes
del momento en que quieres terminar. El proceso de cerrar la terapia
puede ser muy productivo para el paciente si se realiza correctamente
y puede convertirse en una experiencia de aprendizaje en sí
mismo. Nunca es una buena idea interrumpir la terapia de repente,
sin discutirlo previamente con tu terapeuta, y si te sientes impelido
a “cortar por lo sano” puedes hacer una revisión
de tus relaciones interpersonales para ver si es un esquema personal
que te esclaviza y te obliga a realizar ese tipo de conductas.
De cualquier manera, el proceso terapéutico es un camino
duro pero hermoso, y el escoger a la persona con la que vas a
caminar es el primer paso hacia la sanación.
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María
José Zamora Fuertes