María José Zamora
Psicóloga
María José Zamora
Psicóloga

Cómo escoger la mejor ayuda psicológica

A menudo ocurre que tus familiares o amigos o tu médico de cabecera te aconsejan acudir a un profesional de la Psicología. En otras ocasiones, por tus propias motivaciones de auto – crecimiento o para resolver problemas personales, te das cuenta de que necesitas una ayuda externa. Se trata de una decisión importante, porque el simple hecho de tomarla te diferencia de aquellos que se quedan inactivos sin buscar soluciones a sus problemas. Pero no hay que olvidar que esta decisión tiene un coste económico considerable, el cual hay que asumir por un periodo más o menos largo. Además, es una decisión que implica un compromiso a medio plazo: una vez escogido el terapeuta con el que vas a trabajar, continuarás con él durante un tiempo.

El peregrinar de un terapeuta a otro sin encontrar solución al problema es una experiencia muy dolorosa, además de cara y desmotivante. Nunca es recomendable ir cambiando de terapeuta continuamente, aunque si realmente surge un problema importante siempre eres libre de buscar la ayuda en otro lugar.

Pero, ¿cómo escoger un buen profesional?

Buscar por internet se ha convertido en la herramienta más usada para… casi todo. En la red puedes obtener información sobre los terapeutas, su curriculm, etc.

Una forma muy habitual de encontrar un terapeuta es a través de la recomendación de una persona de confianza que haya sufrido un problema similar al tuyo y haya tenido una experiencia positiva con un buen profesional. Pero suele resultar bastante complicado que tus conocidos hayan tenido el mismo problema que tú, y que además no les importe hablar de ello y recomendarte al profesional con el que trabajaron.

¿Qué hay que preguntar cuando alguien que ha ido al psicólogo nos recomienda un terapeuta?

Cuando un amigo nos recomiende a un terapeuta, tenemos que ser realmente observadores y no dejarnos guiar por los primeros signos de euforia.

– ¿Ha conseguido esta persona realmente sus objetivos o sólo se siente algo mejor?

– ¿Cuánto tiempo ha durado su tratamiento?

– ¿Cuánto dinero ha tenido que invertir?

– Los efectos del tratamiento, ¿se han prolongado durante meses, o al cabo de poco tiempo ha vuelto a aparecer el mismo problema? Esto es importante, porque en algunos casos, el sentirse relajado, el haberse desahogado o el simple hecho de haber sido escuchado, produce un efecto agradable en el paciente que no significa que realmente la causa interior de sus problemas se haya solcionado.

– ¿Ha introducido cambios positivos en su vida que nos indiquen que realmente la terapia le ayudó?

Las respuestas a estas preguntas no siempre son positivas, y nos ayudarán a hacernos una idea más clara de la situación.

¿Qué hay que preguntar cuando recibimos una recomendación de terceros?

En otros casos recibimos recomendaciones del médico de cabecera, de amigos o conocidos que a su vez conocen a alguien que ha ido al psicólogo. Cuando éste sea el caso, nos fijaremos en:

– las referencias que nos ofrecen, ¿se basan en un conocimiento profesional del/la terapeuta? Es decir, la persona que nos da una referencia conoce realmente cómo trabaja el terapeuta? ¿O bien se basa en un conocimiento personal, amistad,  proximidad de su lugar de consulta o incluso lo recomienda por dinero?

Los especialistas alternativos: ¿qué hay que saber?

En los últimos años han surgido multitud de “especialistas” que quieren apropiarse de este terreno sin poder aportar una mínima cualificación profesional, ni garantizar la utilización de métodos contrastados científicamente. Ni tan siquiera tener un mínimo conocimiento de cómo funciona la mente humana. Ponerse en manos de estos terapeutas puede significar desde un perjuicio económico hasta un alto riesgo para la salud psíquica.

Evidentemente, esto no significa que debamos desconfiar de todos los profesionales de las terapias alternativas, pero sí que debemos ser cautos a la hora de seleccionar con quién vamos a realizar nuestro trabajo interior.

– En primer lugar: Ojo con la confidencialidad. Sólo los psicólogos sanitarios tenemos la obligacion de guardar el secreto profesional. Es habitual no darle importancia a este factor, pero te puedes encontrar con sorpresas desagradables si tu terapeuta cuenta a otras personas tus intimidades.

– ¿Qué formación tiene en la terapia en la que está especializado?

– ¿Qué formación tiene en otras terapias, qué herramientas puede usar para solucionar los diferentes problemas de las diferentes personas?

– Los efectos de esa terapia, ¿producen efectos positivos a corto plazo o solucionan el problema en profundidad?.

Las terapias superficiales son muy llamativas al principio, pero no solucionan el problema de raíz y eso puede verse a largo plazo. Muchas veces, las personas que acaban de recibir una de estas terapias hablan maravillas y se la aconsejan a todos sus conocidos, pero al cabo de un tiempo vuelven a caer en la misma situación que las llevó a pedir ayuda.

A veces, una terapia puede ser muy relajante, pero si no soluciona el problema de raíz, se queda en eso: una relajación. Todo depende de cuánto estés dispuesto a pagar para relajarte un rato.

En otras ocasiones, las terapia producen lo que llamamos abreacciones: un estallido de emociones muy fuertes (negativas, por supuesto). Esto puede dar como resultado que la persona se sienta desahogada durante los primeros días, pero ten en cuenta que la abreacción no cura por sí misma. Está demostrado científicamente. Puede ser necesaria para realizar ciertos trabajos, pero si no va acompañada del correspondiente procesamiento y desensibilización, no te servirá para nada: al cabo de un tiempo volverás a estar igual.

A la hora de tratar problemas psicológicos, ten en cuenta que los Psicólogos son los profesionales más adecuados para ello: han recibido la formación específica durante 5 años para poder licenciarse, y con frecuencia han realizado numerosos cursos, seminarios, expertajes y másters. Puedes recurrir al Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad Autónoma en la que te encuentras, donde te podrán facilitar una lista de profesionales que trabajan en tú área. Esto, al menos te garantiza que el profesional tiene sus estudios y está colegiado. Pregunta tambén formación adicional ha recibido: másters, cursos de especialización, actualizaciones, etc.

En el primer contacto telefónico conviene preguntar:

– ¿El/la terapeuta puede tratar la alteración que tú padeces? Por ejemplo, ¿puede tratar ansiedad, depresión, estrés, problemas infantiles, problemas sexuales, adicciones, trastornos de alimentación, etc.?

– ¿Qué tipo de pacientes trata: adultos, niños, adolescentes?

– ¿Tiene una titulación académica oficial? Ten en cuenta que cuando alguien dice que “ha cursado estudios” no quiere decir que los haya terminado. Se puede haber quedado en primero de carrera.

– ¿Sabe utilizar diferentes técnicas para adaptarse al problema y a las características personales del paciente, o sólo sabe una técnica que ha estudiado en un curso?

– ¿Está colegiado en un Colegio Profesional que le avale o en una Asociación de Profesionales legalizada?

– ¿Cuánto cobra?

– ¿Cuánto dura cada consulta?

– Cada cuánto tendremos que ir a consulta? Lo normal suele ser una vez a la semana, por lo menos al principio de la terapia. Es raro que tengas que ir dos veces, a no ser que te traten con Neurofeedback, que sí requiere esa periodicidad. Pregúntale si te podrá atender con la periodicidad que necesitas. A veces el terapeuta está muy liado con otras cosas o tiene la consulta demasiado llena, y no te puede atender como necesitas.

– ¿Cuándo podrá concertar la primera entrevista y las sucesivas? A veces no podemos esperar largos periodos hasta que el profesional está disponible. (El tiempo de espera medio suele ser de menos de una semana.)

– ¿Qué tipo de terapias conoce y puede utilizar?

Si las respuestas a estas preguntas te satisfacen y lo consideras oportuno, puedes concertar una primera cita en la cual exponer tu caso y decidir si QUIERES trabajar con ese profesional.

Lee aquí un artículo sobre la primera cita con tu terapeuta

Lee aquí un artículo sobre cómo saber cuándo terminar la terapia.

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